La pregunta de la muerte

 

Después del cuento y de apagar las luces, suele ser el momento de las pequeñas confesiones y las grandes preguntas.

Hace algunos días, este momento con mi hija evolucionó así:

 

-Mamá, te vas a moriri?

-Qué???

-que si te vas a morir?

-eh… sí, algún día…

-Y yo me voy a morir?

– …

-mamá?

-Sí, también, pero falta mucho, mucho, y no debes preocuparte por eso ahora

-pero yo no me quiero morir mamá…

-yo tampoco, pero es normal y no pasa nada. Duérmete tranquila y otro día te lo explico.

 

No sé si dormió tranquila. A mi me costó mucho pegar ojo esa noche. De hecho, creo que me morí un poco.

Supongo que la mayoría de padres se enfrentan a situaciones similares como mínimo una vez, y aunque hay mucho dicho sobre el tema, no cabe duda de que, si se me permite el juego, la pregunta sobre la muerte, es la pregunta de la muerte. Salir airoso de esta, es como hacer el triple mortal y caer de pie, sin haber entrenado.

Con la mejor de las intenciones, decidí explicarle lo del ciclo de la vida con peli de Disney bajo el brazo, pero me salió el tiro por la culata, porque la crueldad de Hamlet se impuso cuando aún no habíamos llegado a la mitad de la película, y tuve que aceptar que, El Rey león, no era lo más adecuado para una niña de cuatro años.

Después de esto, me he encontrado con la misma encerrona varias noches. Normal, porque su cabecita no encuentra una respuesta que deje zanjado el tema de forma satisfactoria. Su versión del ciclo de la vida es que cuando ella sea grande, nosotros seremos pequeños, y además de cuidarnos, nos podrá decir lo que podemos hacer y lo que no. He aquí una versión práctica con las dosis justas de rebancha, que no he podido desmentir porque, para ser justos, su explicación está más cerca de la verdad que cualquiera de los argumentos que yo le he podido ofrecer.

Para la próxima –pensé- no valen excusas ni evasivas, así que me he puesto las pilas para poder tener a mano algunos recursos. Os dejó aquí tres lecturas para la hora del cuento, que os pueden ser de ayuda si alguna vez os encontráis en semejante tesitura:

  • Es así, de Paloma Valdivia, aborda directamente el ciclo de la vida como un relevo continuo entre los que estamos, los que se van y los que vendrán. De forma po´stica, el texto invita a aceptar esta circunstancia positivamnete, sacando máximo provecho al momento de estar
  • El árbol de los recuerdos, de Britta Teckentrup, nos explica cómo el acto de compartir recuerdos y experiencias puede ser decisivo para superar la pérdida de un ser querido e, incluso, para perpetuar su presencia.
  • ¡No es fácil, pequeña ardilla! con texto de Elisa Ramón e ilustraciones de Rosa Osuna, es el cuento más difícil que le he leído a mi hija. Narra la historia de una ardilla que está muy triste porque ha perdido a su madre, y de lo difícil que es para ella y para su padre hacer frente a esta trágica situación, pero juntos, lo consiguen…

 

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3 Comments

  • Aunque todavía me queda un poquitín para que me llegue el momento de la pregunta difícil tomo buena nota. Muchas gracias por compartirlo.

  • Es difícil cuando empiezan con estas preguntas. En casa ya las llevamos abordando un tiempo también.
    De los libros que comentas el único que no conozco es Es así, intentaré encontrarlo. No es fácil pequeña ardilla es imposible leerlo sin llorar, al menos yo no lo consigo, creo que nos hace remover tanto a nosotros como a ellos.
    El árbol de los recuerdos me parecío precioso, duro, triste, hermoso. Una lección.

    • Es verdad Carmen, ninguna de estas lecturas es fácil. Con “No es fácil pequeña ardilla”, mi pareja tuvo que irrumpir en la habitación porque se asustó al oírnos llorar a madre e hija desconsoladamente. Su desconcierto consiguió llevarnos del llanto a la risa en cuestión de segundos, así que puedo asegurar que fue una lectura totalmente terapéutica para todos.